jueves, mayo 28

Ella; la misma que ayer, la misma que hacia el amor hace unos meses atrás en su departamento de dos habitaciones, la misma que pasa por la esquina de su casa y la invaden miles de besos rápidos, la misma que contaba los días del viaje de regreso a la ciudad, la misma que no soporto mas nada y un día se fue, ese sueño que nunca se hizo realidad, s la que te dejo la remera gris con la que dormía por si alguna vez te acuerdas y y la buscas.

Él; el mismo de ayer, pero con distinta dirección, con distinto departamento que guarda noches de insomnio rebeldes, el mismo hombre alto y torpe que siempre fue, la misma persona simple y cálida que un día la enamoró.

Ellos; los que dejaron todo lo que tenían juntos por buscar algo mejor, despidiendose. Olvidandose que no se acaba el amor diciendo adios. Ellos dos que día a día se recuerdan en las sábanas de otros, invadidos de recuerdos excepcionales, de futuros programados, de una casa para dentro de algún tiempo. Y el tiempo llegó antes despidiéndose. Dejando las ideas de a dos para deshacerse y quedar inmóviles esperando que alguien los rescate. Se cansaron de la monotonía sin antes haberse preocupado por ella, abandonando todos los proyectos, llenándose de tremenda nostalgia que los moja desde el pelo hasta la punta de los pies, solos. Solos el uno del otro, solos en una habitación donde ya no se reciben visitas sin invitación las noches de fin de semanas, donde sobra espacio en el placard, donde cualquier lugar es incómodo, donde el perfume de otra persona ya no aparece, desaparece y vuelve a acodarse entre las paredes nuevamente.

Quedo vacia la plaza, el banco de al lado al monumento a San Martín, las paradas de colectivos, el asiento de enfrente a la puerta del subte, el boleto a la ciudad donde "todos nos conocemos", quedo vacia la caja de bombones, el florero, el cenicero ya no tiene la colilla de los cigarrillos de él cigarrillos, las ventanas no permanecen abiertas las 24 horas, los cuadernos de la facultad no estan rayados por completo en los márgenes. Hubo una barrera entre los dos y aunque traten de volver el tiempo atrás no sirve. Aunque traten de olvidar las peleas y las reconciliaciones no pueden. Todo quedó en los últimos gritos, llantos, enojo, transpiración, golpes y más llanto, y bronca, culpa y un golpe de la puerta que ese día cerró y separó lo que los unía eternamente. Como un fantasma los dejó a oscuras, con el alma en llanta, el corazón en ruinas, las palabras atragantadas y anudadas sin poder soltarse y romper con el protocolo estúpido de preguntas y respuestas sin causa, las mentiras atascadas en el medio del cuerpo no los dejó reaccionar, el sentimiento de amor los llevó a la locura mas intima de cada uno y no se volvieron a mirar a los ojos, y no volvieron a escuchar sus voces, y nunca mas volvieron a sentir lo mismo en otros cuerpos.

Hoy que han pasado tantos días de aquel apagón de luces en el escenario que me refugiaba donde las lágrimas no me dejaban hablar y el eco del teatro vacio multiplicó millones de veces mi voz en voz baja diciéndote - No me dejes aquí. Hoy te sigo recordando como él a ella.

1 comentario:

Marie Augustine. dijo...

me encanto, tanto que no se que comentar :)